LA TECNOLOGÍA EDUCATIVA COMO UN FACTOR DE DESARROLLO DE LOS PAISES, REALIDAD O UTOPÍA




UNA MIRADA DESDE EL DEBATE DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA



Recientemente el senador Jorge Robledo instauró una mesa de disertación académica, denominada por el congresista, Audiencia Pública Por qué defender la ciencia en Colombia, en presencia de la academia Colombiana de ciencias exactas, asociación que congrega científicos de primer nivel. Allí se da inicio al planteamiento muy bien sustentado, de la falta de interés por defender la ciencia y la elevación del nivel del conocimiento como fundamento de todas la formas de progreso de una nación desde todos los campos por donde se le quiera mirar.


Desde esta perspectiva sería muy pertinente afirmar que lo políticamente correcto en un país como Colombia que se dice en vía de desarrollo, sea la toma de decisiones que apunten a fortalecer una educación científica desde los primero años de escolaridad hasta los más complejos, contando con todo el respaldo económico y logístico que ello implica.


Ahora bien, es importante mencionar que el presupuesto destinado en Colombia para investigación no es muy alto en relación con el producto interno bruto PIB y ni hablar de lo escaso que resulta encontrar laboratorios bien dotados, personas dedicadas a la investigación, publicaciones en revistas científicas y un reducido número de patentes, consecuencia de ello, no es en vano el atraso en que se ubica el país. Y es justamente el olvido de la ciencia la principal causa del subdesarrollo extremo como lo mínima el senador Robledo. Y ello no ocurre porque los colombianos tengan algún tipo de minusvalía en el equipaje genético que impida desarrollar ciencia y tecnología como otros países como Alemania o Japón. En Colombia la mayor parte de la investigación científica la desarrollan las universidades, por lo general públicas, pero no se hace de manera articulada con una política nacional que proyecte a largo plazo un desarrollo incluso preventivo de la ciencia.



Esta realidad se empeoró a partir 1990, cuando con la apertura económica y neoliberal, se opta por la una industrialización estéril del país, es decir se trae de afuera un sin número de artefactos tecnológicos pero se relega aún más un desarrollo propio de la investigación y construcción de conocimiento científico. Tanto es el relego que se convierte a Colombia en una potencia de exportación de materias prima y se importa la ciencia y la tecnología que otros países si logran desarrollar.



Los países con grandes avances en procesos de ciencia y tecnología, que son los más desarrollados en términos económicos, lo han podido desarrollar no por azar sino a partir de acuerdos nacionales diseñados para alcanzar dichos estándares. En Colombia no es en vano que nos dediquemos a surtir de materias primas agrícolas y mineras a las potencias que si desarrollan ciencia y tecnología, tal como lo indican las recomendaciones de obligatorio cumplimiento de la OCDE, organización que representa los intereses de las potencias económicas que tiene entre sus objetivos reservarse para ellos el trabajo de alto nivel científico, pues ellos sí reconocen la fundamental tareas que resulta desarrollar ciencia y tecnología en una nación.



Otras investigaciones como las Martha Isabel Hernández ponen de manifiesto que la mirada equivoca de quienes elaboran las políticas públicas de ciencia y tecnología en Colombia, es el principal motivo para que en el país no se dé una verdadera cultura científica, desconociendo los valores de la ciencia y la tecnología en la modernidad. En el país se hacen enormes esfuerzos aislados en tal sentido, pero se requiere que haya una articulación bien definida, entre los distintos actores: Estado – Empresa – Academia, para resolver el problema de cultura científica y por consiguiente salir del subdesarrollo.



Como característica principal de los siglos XIX y XX, en gran parte de las naciones, las sociedades se desarrollan con base en las ciencias, las aplicaciones tecnológicas, y su consecuencia: la innovación. Todo lo cual se transforma en utilidad para aumentar las posibilidades de generación de riqueza. En este sentido cabe preguntarse cómo establece la sociedad colombiana la relación con la ciencia y la tecnología en relación con las sociedades más avanzadas.



Una de las formas es por medio del sistema educativo convencional, que sirve para preparar la actitud de los ciudadanos hacia el conocimiento basado únicamente en la teoría. Y el otro, que el desarrollo tenga por fundamento las políticas públicas de la ciencia y la tecnología al crear aptitudes, es decir, que el ciudadano sea capaz de dar soluciones puntuales a los problemas reales de una sociedad.

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